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El actor peruano habla de Esscala, su recorrido artístico y cómo la actuación transformó su forma de vivir.

Mario Cortijo no habla de la actuación como un oficio aislado, sino como una forma de entender la vida. Actor de teatro, cine y televisión, hoy suma una nueva faceta a su recorrido: la de formador. Con la apertura de Esscala, su escuela de actuación, Cortijo materializa una visión que venía gestándose desde hace años y que nace, más que de una ambición empresarial, de una necesidad personal y colectiva.

“Quería compartir lo que yo estaba aprendiendo y que me había sido de mucha utilidad para la vida cotidiana y para entenderme como ser humano”, explica. Esa inquietud fue la que lo llevó a regresar al Perú con la idea clara de enseñar y devolver lo aprendido.

El retorno no fue improvisado. Apenas pisó Lima, empezó a dictar talleres en distintos espacios culturales y productoras. Fueron años de enseñanza constante, de prueba y error, de escuchar a los alumnos y también de observar una industria que ya no funciona como antes. “La actuación ya no es como era antes, el oficio ha cambiado y sigue cambiando tremendamente”, señala.

Ese cambio fue clave para el nacimiento de Esscala. Para Cortijo, el panorama actual -marcado por el crecimiento del contenido digital, las plataformas, las producciones independientes y los formatos verticales- exige una formación distinta. “Esscala es una escuela profesional para televisión con el propósito de insertar al mercado laboral a nuevos talentos peruanos”, afirma.

La escuela no solo apunta a enseñar técnica actoral, sino a preparar artistas capaces de autogestionarse, crear y adaptarse. En un mercado de nichos, donde el engagement pesa más que la masividad, Cortijo ve una oportunidad real.

“Hoy no importa tanto cuántos te ven, sino cuán conectada está tu comunidad”, reflexiona.

Mario cortijo

“Yo sí creo que la industria está cambiando y eso es una oportunidad para nuevos artistas peruanos. Esscala quiere ayudarlos a subir, a hacer del mundo su escenario, como dice el slogan. Quiere acompañarlos de la mano, guiar el camino de cada uno”, precisa.

Pero su mirada no nace desde la teoría, sino desde la experiencia. El camino de Cortijo fue largo y, muchas veces, cuesta arriba. Volantear, disfrazarse, asumir trabajos diversos para sostener su vocación fue parte del trayecto. “Creo que los artistas tenemos que hacer de todo, y que todo suma”, dice sin dramatismo.

Esa apertura lo ha llevado a explorar lenguajes distintos: teatro, televisión, cine, circo, streaming. Recientemente, su incursión en el circo le dejó una huella especial, ya que le permitió trabajar con diversos artistas, entre ellos, el mexicano Édgar Vivar, recordado como el ‘Señor Barriga’ de ‘El chavo del 8’. “Sabía que iba a ser especial, pero no calculé cuán mágico iba a ser”, recuerda sobre una experiencia que amplió su cuerpo, su escucha y su manera de estar en escena.

En televisión, ha construido personajes diversos, siempre desde el respeto al oficio. Para él, no existen roles pequeños. “No existe personaje pequeño, solo existe actor pequeño”, cita a uno de sus maestros. Cada papel, asegura, merece el mismo compromiso y gratitud.

“Todos los personajes que he hecho le he metido mucho cariño porque soy muy agradecido con Dios con las oportunidades laborales que me puede llegar a dar. Creo que el arte tiene una vocación de servicio, creo que el arte tiene una vocación de servicio. Entonces, cada personaje que tengo la oportunidad de interpretar, trato de hacerlo con todo el cariño para el público”, expresa.

No es casual que, al hablar de su camino, Cortijo mencione la frase que más ha marcado su carrera: la actuación le salvó la vida. “Me cambió la perspectiva. Me enseñó a escuchar con el corazón y a ver la belleza en las cosas simples”, dice con honestidad.

Para él, el arte tiene una dimensión terapéutica. En un mundo acelerado, hiperconectado y comparativo, la actuación ofrece una pausa esencial. “Cuando estás en escena, lo único que existe eres tú y tu compañero. Eso te devuelve a la esencia”, reflexiona.

Esa conciencia lo ha llevado a hablar abiertamente sobre salud mental, formación emocional y equilibrio. Cree que el arte estimula la imaginación, la autoestima y la capacidad de juego, especialmente en tiempos dominados por las pantallas.

En paralelo a Esscala, Cortijo continúa consolidando su carrera internacional. Este año participó en producciones que se presentaron en festivales y realizó giras de prensa en el extranjero. “No sé si es un plan estratégico, pero sí tengo un horizonte y trabajo para alcanzarlo”, comenta.

El 2026 lo encuentra entre nuevos rodajes, proyectos de streaming y la expansión de su escuela. Para él, enseñar y actuar no son caminos separados. “Es importante predicar con el ejemplo”, afirma, convencido de que un formador debe seguir activo en la industria.

Al mirar atrás, Cortijo vuelve siempre al mismo punto. “Lo más importante es la familia, la formación y confiar”, dice. Con Esscala, con sus personajes y con su manera de entender el arte, Mario Cortijo parece haber encontrado una forma de sostener esa convicción: hacer de la actuación no solo un oficio, sino una manera de estar en el mundo.

Dato:

  • Esscala tendrá su primer módulo One Shot, dirigido a niños, adolescentes y adultos en enero del 2026. El curso, de 2 meses, es el inicio del Taller de actuación para TV.
  • Para mayor información, consultar con las redes sociales de Esscala.

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