Esta es la experiencia vivencial del avistamiento de ballenas jorobadas en la playa Zorritos, Tumbes. Acompáñame en esta aventura.
Apenas el sol empieza a asomar en el horizonte, la costa de Zorritos se pinta de oro y calma. Esta pequeña joya del norte peruano, ubicada en la región de Tumbes, es más que una playa tranquila de aguas cálidas. Entre los meses de julio y octubre se transforma en un santuario natural donde las ballenas jorobadas hacen su esperado espectáculo marino. Y vivir esta experiencia desde una lancha en mar abierto es simplemente inolvidable.
Todo comienza en la orilla, donde el guía te recibe y te da una breve asesoría sobre lo que debes esperar en el mar. Te ajustas el chaleco, aseguras tus objetos de valor y estás listo para zarpar. Subirse a una lancha, con cámara en mano y una gran expectativa, es el inicio de una travesía que despierta la emoción de todos a bordo, desde niños hasta aventureros.

Durante la navegación, el silencio se convierte en protagonista. Se escuchan apenas las olas y alguna ave marina surcando el cielo. Los guías explican la importancia de mantener la distancia, no hacer ruidos fuertes y observar con paciencia. Es una lección de humildad ante la naturaleza: “uno no va a ver ballenas”, sino que espera, con suerte, que ellas decidan mostrarse al público. Y esa espera (como todo lo valioso en la vida) tiene su recompensa.
De pronto, una explosión de agua rompe la superficie. Una aleta gigante se alza en el aire, y, si tienes suerte, puedes apreciar un salto acrobático de una ballena jorobada. El momento es tan rápido como mágico. Mientras unos gritan, otros aplauden, y muchos simplemente se quedan en silencio, conmovidos. No es raro ver a madres con sus crías, nadando juntas a escasos metros de la lancha, como si ofrecieran una coreografía marina solo para los ojos atentos.

Esta experiencia puede durar entre una y dos horas, y cada avistamiento es único. Las ballenas jorobadas saltan varias veces, otras solo asoman su lomo para luego volver a sumergirse en la inmensidad del mar. En todo caso, lo que queda es la sensación de haber presenciado algo profundamente especial. Al regresar a la orilla, luego de una inolvidable aventura, el sol ya ha ganado altura, los labios tienen una nueva historia que contar, sazonados con sal y emoción.
Zorritos no solo ofrece avistamiento de ballenas jorobadas, sino también hospitalidad, gastronomía marina y playas encantadoras para todos, pero este encuentro con las gigantes del mar es, sin duda, el tesoro más preciado de la temporada. Aunque, si tienes suerte, podrás disfrutar de atardeceres dignos de una película, y, como el mío, que me recuerda una aventura sin igual.
