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El restaurante barranquino se ha consolidado como una de las experiencias gastronómicas más atractivas al fusionar el corazón de la cocina peruana con la técnica europea, en un espacio íntimo y sofisticado.

En el Día de la Madre, el restaurante Sazó Bistró se ha convertido en un sueño hecho realidad de varias generaciones de mujeres que, por décadas, imaginaron con tener un espacio donde demostrar su talento culinario

Así es como nace Sazó Bistró de la mente y las manos de Macy y Brunella, madre e hija que protagonizan una historia de legado femenino y emprendimiento familiar, con una consigna marcada a fuego: cocinar lo que llevan en la sangre.

En una casona recuperada y llena de historia, el restaurante Sazó Bistro ha fusionado el sabor inolvidable de Chiclayo y Trujillo con la elegancia de la técnica francesa e italiana, para crear el refugio ideal que tanto necesitaba el distrito de Barranco.

Así, han logrado unir el corazón peruano y la técnica europea como una forma de rendir homenaje a sus raíces y entregar ese legado en forma de los platos más sofisticados y familiares que se pueden encontrar en Lima.

«Nuestra historia empieza mucho antes de Sazó, cuando nuestros bisabuelos llegaron de Italia y Francia al puerto de Salaverry en Trujillo. Somos el resultado de ese mestizaje. La técnica europea es nuestra herencia paterna y la sazón norteña es la tierra que nos acogió. Sazó es el plato donde esas dos historias por fin se sientan a comer juntas», dice Macy, cuya sazón y creatividad era el secreto mejor guardado de su familia.

Por eso, en la avenida Pedro de Osma 164, la mesa siempre tiene algo especial. Un osobuco con puré de la casa y verduras grilladas, una lasagna clásica o unos patacones con lomo fino. Son los platos favoritos de quienes buscan sabores que recuerdan al hogar, pero con una presentación fina y cuidada.

Ese es el refugio que han construido Macy y Brunella, en una casona antigua que han rescatado del olvido, convirtiéndola en un espacio íntimo y acogedor, un oasis en medio del desierto estruendoso que puede ser Lima.

«La casona barranquina tiene madera, tiene historia, cruje, respira… igual que nuestra familia. Queríamos que entrar aquí fuera como ponerle ‘pausa’ al ruido de Lima. Que la arquitectura te abrace tanto como la comida. Esa sensación de ‘llegar a casa’ solo te la da un lugar que ya ha vivido muchas historias antes que nosotros», explica Brunella, quien ha sabido fusionar su experiencia corporativa con la intuición de la cocina.

En esta belleza arquitectónica, Sazó Bistró se sigue consolidando como una de las experiencias gastronómicas más atractivas en Barranco, donde la tradición se moderniza sin perder la esencia.

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